Cambio climático
Las narrativas desinformantes sobre el cambio climático han ido evolucionando con el tiempo. Durante años, el discurso se centró en negar la ocurrencia misma del fenómeno. Ante la evidencia científica acumulada surgieron nuevas teorías conspirativas que sostienen que ciertos fenómenos climáticos extremos son producidos artificialmente por grupos de poder para simular una crisis climática. Actualmente, estas posturas coexisten con una nueva línea desinformante que cuestiona las medidas y políticas diseñadas para enfrentar la crisis climática.
1. Narrativas contra las energías renovables
En los últimos años, la desinformación sobre el cambio climático ha ido corriendo su eje: ya no se trata solo de negar el fenómeno, sino de atacar las soluciones. Esta “nueva negación” pone el foco en desacreditar las energías renovables y a quienes las impulsan, sembrando dudas sobre su eficacia, su seguridad y su viabilidad económica.
Algunos ejemplos son los discursos que sostienen, falsamente, que las energías renovables:
- No serían útiles porque no funcionan cuando no hay sol o no sopla el viento, omitiendo que estas tecnologías cuentan con bancos de baterías que permiten almacenar la energía producida y garantizar el suministro aún sin condiciones climáticas favorables.
- Son una fuente de energía frágil e ineficaz ante grandes demandas energéticas. Esta narrativa suele circular tras distintos cortes de luz masivos, y señalan la “dependencia excesiva de energías renovables” como causa directa. Sin embargo, la energía eólica o la solar son solo una parte de un mix energético diverso que garantiza un suministro estable.
- Son la energía más cara que existe, a pesar de que diferentes informes y expertos las colocan entre las más económicas.
- Están detrás de algunos incendios forestales y otras catástrofes climáticas, que serían provocadas intencionalmente para recalificar el suelo y poder instalar parques eólicos o plantas solares. Estas narrativas cumplen una doble función desinformante: asocian las renovables con la destrucción del entorno natural y desvían la atención de la influencia real del cambio climático en la intensificación de estos fenómenos extremos.
- Son una amenaza para los cultivos tradicionales y el paisaje natural. Esta narrativa, detectada principalmente en España aunque con potencial de replicarse en otros contextos, toma casos reales pero exagerados de instalación de plantas fotovoltaicas en zonas de olivares (ver por ejemplo acá, acá, acá o acá) para presentar a las energías renovables como enemigas del medioambiente y las tradiciones locales.
2. Narrativas que desacreditan a activistas y científicos climáticos
Esta línea desinformante busca deslegitimar a quienes alertan sobre la crisis climática, presentando sus reclamos como exagerados, alarmistas o sensacionalistas. Una modalidad consiste en atribuir falsamente a científicos y activistas ambientalistas frases o propuestas ridículas para contrarrestar el cambio climático (como enterrar la cabeza en la arena para reducir las emisiones de CO2, usar “misiles biodegradables” o “granadas veganas”) o afirmaciones extremas (como que el planeta no soportaría que la humanidad coma carne o tenga hijos).
Estas desinformaciones suelen enfocarse especialmente en la activista Greta Thunberg, pero también alcanzan a activistas y ambientalistas en general que, en el marco de campañas similares, son etiquetados como “falsos ambientalistas”, “delincuentes” o responsables de “frenar el progreso”, relatos que en algunos casos derivan en consecuencias legales o físicas contra quienes se oponen a determinados proyectos. Estos discursos suelen combinar distintas estrategias de desprestigio (desde acusaciones de corrupción o intereses ocultos hasta ataques de género o raciales) para instalar la idea de que quienes denuncian estos proyectos no son de fiar.
Otra variante apunta a instalar una supuesta hipocresía del ambientalismo, difundiendo imágenes de espacios cubiertos de basura presentadas falsamente como resultado de manifestaciones climáticas o festivales ecologistas.
3. Narrativas negacionistas
Rechazan la responsabilidad humana en la transformación del clima o niegan directamente la existencia del fenómeno.
Algunos ejemplos son los discursos desinformantes que sostienen que:
- La Tierra no se está calentando o, incluso, se está enfriando. Para sostener estas afirmaciones, se recurre a datos descontextualizados o tergiversados, se extrapolan las mediciones hechas en una región específica (como en Groenlandia) al comportamiento del conjunto del planeta, o se toman períodos de tiempo breves (por ejemplo, un mes o una temporada) para generalizar tendencias de largo plazo.
- Otra línea discursiva asociada es la sostiene que “siempre hizo calor en verano” como forma de negar que el calentamiento global esté vinculado con episodios de calor cada vez más numerosos, duraderos e intensos. Para ello se suelen utilizar registros antiguos de temperaturas, comparar mapas del tiempo pasados y actuales, destacar casos anecdóticos de frío en verano y olas de calor en el siglo XX.
- Existe una falta de consenso científico sobre la responsabilidad humana del cambio climático actual. Sin embargo, análisis de miles de estudios científicos publicados y encuestas a investigadores del clima muestran un consenso superior al 99% sobre el origen humano del fenómeno, ratificado también por los sucesivos informes del IPCC.
- Los cambios bruscos de temperatura son parte de “ciclos” naturales de la Tierra. Según esta narrativa, estos cambios han ocurrido a lo largo de la historia del planeta y, por lo tanto, no serían consecuencia de la actividad humana. Sin embargo, el calentamiento registrado desde la Revolución Industrial es excepcional en velocidad y magnitud: no tiene precedentes en al menos los últimos dos mil años y no puede explicarse por las causas naturales que esta narrativa suele invocar, como los ciclos de la órbita terrestre o de la actividad solar.
4. Narrativas conspirativas y la manipulación artificial del clima
Sostienen que ciertos fenómenos climáticos extremos o asociados al cambio climático son generados artificialmente mediante tecnologías de modificación del clima controladas por grupos de poder. Según esta narrativa, el objetivo es simular la crisis climática para justificar medidas de mitigación que constituirían una “agenda antidesarrollo” orientada al control poblacional. Otras versiones sostienen que el propósito es generar daños directos mediante sequías o inundaciones que frenen el desarrollo de algunos países.
Algunos ejemplos son:
- La teoría conspirativa alrededor del proyecto HAARP. Según esta narrativa, el Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (HAARP) es utilizado por la NASA y el Ejército de Estados Unidos para generar artificialmente fenómenos meteorológicos extremos. Este discurso suele surgir en medio de emergencias climáticas, como ocurrió durante la DANA de 2024 en España, los temporales de 2025 en Argentina, los huracanes Helene y Milton o las lluvias registradas en Irán en 2026. Incluso se responsabiliza a HAARP de eventos no relacionados con el clima, como terremotos ocurridos en Rusia en 2025 o el de Turquía y Siria en 2023. Sin embargo, HAARP es un programa científico que estudia la ionósfera, una capa superior de la atmósfera, y sus señales no afectan a las capas más bajas, donde se originan los fenómenos meteorológicos, ni cuenta con la energía necesaria para generar fenómenos como ciclones o inundaciones.
- La teoría conspirativa sobre los chemtrails, según la cual las estelas de condensación que dejan los aviones son, en realidad, productos químicos dispersados intencionalmente para manipular el clima, provocar sequías y otras anomalías climatológicas. Esta narrativa también afirma que estos supuestos químicos se utilizan para enfermar a la población con fines de control poblacional y objetivos económicos. Sin embargo, estas estelas son producto de la condensación del vapor de agua que liberan los motores al quemar combustible, que se congela en contacto con el aire frío de la altura.
- La teoría conspirativa alrededor de la siembra de nubes con yoduro de plata sostiene que esta técnica altera el ciclo natural del agua e impide las precipitaciones. Otras versiones afirman lo contrario: que provoca lluvias torrenciales e inundaciones. Sin embargo, los programas operativos reales buscan modificar el tiempo (no el clima) para disipar niebla, estimular lluvias o reducir el tamaño del granizo para proteger los cultivos. Su eficacia es muy limitada y, en el mejor de los casos, podría incrementar las precipitaciones en un 20%, muy lejos de los efectos extremos que esta teoría le atribuye.
Estas y otras teorías conspirativas relacionadas suelen utilizar el término geoingeniería para referirse a la tecnología detrás de la supuesta modificación del tiempo y el clima. La geoingeniería es un campo de estudio que investiga la posibilidad de contrarrestar el calentamiento global mediante un enfriamiento artificial de la atmósfera a escala planetaria. Sin embargo, se trata de ideas que han sido analizadas pero nunca llevadas a la práctica y no tienen relación alguna con el proyecto HAARP ni con la siembra de nubes.
Este entramado conspirativo suele articularse también con la desinformación en torno a la Agenda 2030, un plan de acción adoptado en 2015 por los 193 países que componen la Asamblea General de Naciones Unidas en torno a 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. En los entornos desinformantes, esta agenda es presentada como el programa de una élite global que busca el control poblacional y la pérdida de soberanía nacional. Según estas narrativas, bajo el pretexto de la crisis climática, se impondrían medidas como prohibir el consumo de carne, prohibir las huertas familiares, obligar la población a comer insectos o implementar vacunaciones masivas. La teoría conspirativa se extiende a otras narrativas desinformantes, como la creación artificial de enfermedades y pandemias, la imposición de ciudades de 15 minutos como forma de “confinamiento” o la implantación de chips de control poblacional.
5. Narrativas para-ambientalistas: el enfriamiento diseñado
A diferencia de las narrativas negacionistas, existe una línea de desinformación que opera en sentido opuesto: sostiene que la crisis climática es más grave de lo que se reconoce públicamente y que ciertos fenómenos (como las nevadas) son fabricados para confundir a la población sobre el verdadero alcance del colapso climático. Quienes las difunden no niegan el cambio climático; al contrario, suelen estar profundamente preocupados por él.
El ejemplo más difundido es la teoría de la nieve falsa, que circula acompañada de videos en los que una persona acerca una llama a un copo de nieve compactado que no se derrite. Sin embargo, este comportamiento es completamente normal y se explica por procesos físicos conocidos. Se trata de una desinformación recurrente que se viraliza en distintos países cada vez que ocurren nevadas significativas.
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