¿Qué es la desinformación?


La desinformación es contenido falso o engañoso que se difunde como si fuera verdadero. No son sólo contenidos totalmente inventados, sino también información que mezcla verdades con mentiras como: datos reales presentados de manera engañosa o malinterpretados, frases que son sacadas de contexto cambiando completamente su sentido original, o afirmaciones que omiten información clave para entender correctamente lo que sucedió. Sea algo totalmente inventado o una verdad a medias, el resultado es el mismo: un contenido que confunde, induce a error o instala una idea falsa.

Existen diferentes motivos que impulsan el surgimiento y la propagación de desinformación, que van desde quienes la crean con propósitos específicos como obtener réditos políticos o económicos (para más detalle ver acá), hasta quienes la comparten porque para ellos es valiosa y la consideran verdadera.

Aunque solemos pensar en redes sociales, la desinformación también se difunde en discursos públicos, medios de comunicación tradicionales, aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram, y se replica en conversaciones cotidianas.

El término desinformación se usa tanto para hablar del contenido en sí como del fenómeno más amplio de circulación, motivos y efectos.

¿Misinformation o disinformation?


En inglés se diferencian dos conceptos:

Misinformation: contenido falso que se comparte sin saber que es erróneo.

Disinformation: contenido creado o difundido a sabiendas de su falsedad, con intención de engañar, obtener beneficios políticos o económicos, o causar algún tipo de daño.

Esta distinción surge para subrayar la complejidad del fenómeno y la necesidad de abordajes distintos para entenderlo y mitigarlo. Mientras que, en un caso, es recomendable investigar y exponer a actores maliciosos, con quienes comparten contenido por error se requiere otra estrategia: ofrecer información confiable y herramientas que los ayuden a evitar futuras caídas en datos falsos.

Aunque la distinción es útil en algunos análisis, en la práctica suele ser difícil —o directamente imposible— determinar la intención de quien comparte el contenido. Además, una misma pieza puede nacer como disinformation (por ejemplo, creada para difamar a un político) y luego expanderse como misinformation cuando miles de personas la comparten creyendo que es cierta. Con lo cual, usamos el término desinformación para referirnos a ambas situaciones.

¿Por qué no usamos “fake news”?


El término “fake news” (noticias falsas) se popularizó para hablar de desinformación, pero puede inducir a errores si nos referimos así al fenómeno o a los contenidos desinformantes.

La razón principal es simple: no toda desinformación tiene formato de noticia ni cumple con criterios periodísticos, entonces llamarla “noticia falsa” puede generar confusión y dificultar la capacidad de identificar al contenido desinformante como tal. Además, muchas figuras públicas suelen usar el término para descalificar información verídica que no les resulta conveniente. Eso lo volvió impreciso y, muchas veces, arma política.

Por eso, aunque reconocemos que “fake news” es el término más extendido entre la ciudadanía, preferimos hablar de “desinformación”: un concepto más amplio y preciso para nombrar este fenómeno complejo.

Evidencia relacionada


Este sitio forma parte del proyecto “Promover la información confiable y luchar contra la desinformación en América Latina”, coordinado por Chequeado a nivel regional y financiado por la Unión Europea. Su contenido es responsabilidad exclusiva de LatamChequea y no refleja necesariamente los puntos de vista de la Unión Europea.

Realizado por

Chequeado

En alianza con

LatamChequea
Financiado por la Unión Europea